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 Chicho, el zompopo (por Byron Valdizón)

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Georges42
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MensajeTema: Chicho, el zompopo (por Byron Valdizón)   Jue Jun 19, 2008 12:24 pm


SOY CHICHO, EL ZOMPOPO
(Cuento Infantil)
Escrito por: INVALDI

Caminaba, firme y decidida, la fila de zompopos: ¡Uno, dos! ¡Uno, dos! Todos iban concentrados, siguiendo el uno al otro. Eran como trescientos quince zompopos, la mayoría colorados, con sus ojotes negros. Musculosos, con sus patas torcidas pero bien puestas y sus dientudas bocas ¡amenazantes! Con sus dos tenazas como pinzas filudas.

Cada uno de los trescientos quince zompopos llevaba en su coqueto lomo, un pedazo de hoja verde. Otros más haraganes llevaban pedacitos de arena o una milésima de paja seca. Estos eran los que menos hacían pero los que más molestaban y los que querían que todos fueran como ellos.

En medio de la fila iba Chicho, un zompopo del que algunos se reían. ...Es que Chicho era un zompopo algo especial, muy diferente a todos: caminaba medio raro, hablaba como “para adentro” y su color era como “verde achocolatado.” Más parecía morado. Y por si fuera poco, tenía dos cinturas, a cambio de la única y bien formada de todos.

Chicho era muy trabajador, bien portado y de buenos sentimientos. A veces se llevaba dos cargas en cada viaje y ayudaba a los más débiles, que prácticamente eran la mayoría, y quienes estaban intimidados por los corpulentos haraganes.

El ultimo de la fila, a quien todos llamaban “El Ronco” que se auto nombró el jefe de todos, se salió de la bien formada columna y empezó a caminar más rápido que los demás hasta pasar a la par de Chicho y le dijo: - ¡Tu no eres de los nuestros!- Y con una voz más potente le gritó: - ¡Deberías salirte y quedarte aquí, entre los barrancos secos y llenos de espinas!-

El pobre Chicho agachó su cabeza y empezó a caminar más despacio. De sus ojos cayeron dos espesas lágrimas que hicieron un poco de lodo que unos cuantos esquivaron.

“El Tuerto” otro de los malos, le gritó desde atrás: -¡Eres el “hazme-reír” de todos!- Y agregó con ironía: -¡Se burlan de nosotros y nos dicen que tenemos a un “morado” entre la fila!-

El Ronco agregó: - Ya no queremos que nos digan de todo y que se sigan burlando de nosotros; así que de hoy en adelante te quedarás aquí y no volverás hasta que no seas como el Tuerto y como yo. Míranos bien, míranos bien Chicho, porque eres muy diferente a nosotros. ¡Vete! ¡Fuera!-

Los malos lo empujaron y lo dejaron fuera de la fila. Él se puso a llorar y se quedó agachado, mirando cómo los demás pasaban frente a sus humedecidos ojos.

Entre sus lagrimas podía verlos, mientras resonaban en sus oídos las palabras del Ronco: “!míranos bien porque eres muy diferente a nosotros!”

Todos pasaron y Chicho se quedó solo. Muy triste empezó a caminar hacia la montaña, mientras los demás zompopos seguían marchando, aunque la mayoría no se alegraba de la forma tan cruel con que se habían deshecho de su buen amigo Chicho.

Poco a poco se alejaban los gritos del Ronco quien ferozmente marcaba el paso de la tropa: ¡Uno, dos! ¡Uno, dos!

---- O ----
Chicho se fue a un árbol de achiote y le dijo: - Destrípame algunas de tus semillas y échame su jugo en todo mi cuerpo.

Árbol de achiote: ¿por que quieres hacer eso?
Chicho: ...Porque tu jugo es colorado y los zompopos de mi fila son colorados y quiero parecerme a
ellos.

El árbol de achiote hizo lo que Chicho le había pedido pero al poco tiempo nuestro buen zompopo se despintó. Entonces vio a un pajarito y le dijo: - Pajarito, pajarito, anda y tráeme dos pequeñísimas ramitas del árbol mas delgadito que encuentres.

Pajarito: ¿Y para qué quieres esas pajitas?
Chicho: Es que todos los zompopos de mi fila tienen sus pies y sus manos bien torciditas y yo quiero
tenerlas como ellos.

Fue el pajarito y le trajo las más torciditas. Chicho se las puso pero no pudo caminar. Daba un paso y se caía, daba otro y se volvía a caer.

Entonces se fue al río y dijo: - Oye río, regálame dos granitos de arena, los más negros y grandecitos.
El Río: Y para qué quieres esos granitos de arena negra?
Chicho: Es que los zompopos de mi fila tienen los ojos negros y saltados y yo quiero ser como
ellos.
Chicho se puso aquellos ojos postizos pero no miraba. Al dar unos cuantos pasos le salieron volando entre la hierba mojada.

Chicho estaba decepcionado. No podía ser como los demás zompopos de su fila. No sabía a dónde ir y se puso a caminar entre las espinas y la hierba seca. De pronto, oyó una voz que le decía: - Chicho, Chicho, ya no estés triste.

El pobre zompopito levantó su cabeza toda bañada de tristeza y creyendo que se trataba de otra broma, empezó a ver de dónde venia aquella misteriosa voz.

Sus ojos se impactaron por una luz fuerte y llena de vida que provenía de unas piedras, no muy lejos de donde él estaba.

- ¿Quién eres?- Dijo Chicho muy asustado
- Soy yo, El espejo- Respondió la misteriosa pero amigable voz.
- ¿Y que quieres de mi? – Preguntó Chicho
- Solamente quiero ayudarte. Quiero que hablemos. Yo soy tu amigo.- Dijo El Espejo

Chicho limpió sus lágrimas y como pudo se acercó al Espejo y cuando se vio reflejado él mismo, volvió a ponerse triste. Se dio cuenta que realmente era diferente a los demás. Su autoestima se vino hasta los suelos. Entonces El Espejo se agachó lentamente y sobando la cabecita de Chicho empezó a hablarle.

El Espejo: Ciertamente tienes “algunas” cosas diferentes a los demás. Pero ellos también tienen
cosas diferentes a ti.
Chicho: Pero me desprecian. Se burlan de mí.
El Espejo: Para empezar, no son todos. Son únicamente unos pocos.
Chicho: Sí, son unos pocos, pero son los que más molestan, los que mandan, los que gritan y los que
dan las ordenes.
El Espejo: Oye bien lo que voy a decirte: “nunca te dejes influenciar por lo que unos pocos
zompopos digan de ti.
Chicho: ¿Y cómo hago eso?
El Espejo: Mírate en mi. ¿Qué piensas de ti mismo?
Chicho: ... Que soy feo, diferente, horrible y que soy el “hazme-reír” de la fila.

Al decir eso, Chicho se puso a llorar de la rabia. Resonaban en su interior las palabras de El Ronco y El Tuerto: ¡eres diferente a nosotros!

Entonces, El Espejo se puso delante de él y le dirigió estas palabras que cambiaron su vida:

“Mira Chicho, desde que eras niño has venido oyendo desprecios y marginaciones. Nadie
te había dicho lo mucho que vales. Yo quiero que descubras tu lado positivo,
tus virtudes, tus capacidades; las que todos llevamos dentro. Tu eres trabajador, entusiasta,
emprendedor, fiel a tus amigos, simpático y hasta diferente a los demás, lo cual puedes convertir en una gran virtud. Recuerda que “de tus fracasos puedes sacar verdaderas lecciones capaces de transformarlas en impulsos, en motores que te empujen a triunfar, a ser feliz,
a saltar al éxito de la vida.”

Chicho se puso de pie. Levantó la mirada y sonrió. Se vio otra vez al espejo y sintió una fuerza interior que nunca había experimentado. Entonces descubrió que tenía algunas cosas diferentes a los demás, pero que por dentro era y seguía siendo ¡un zompopo! que aunque fuera verde achocolatado y tuviera doble cintura, no significaba nada, como para quedar excluido de los demás.

Entonces, el espejo lo animó a buscar a la fila y enfrentar a aquellos que lo habían despreciado.

--- O ---

El Espejo se puso delante de la fila y preguntó -¿quienes son El Ronco y El Tuerto? Queremos hablar con ellos.
- Nosotros somos – Dijeron los dos, mientras se acercaban al Espejo
- Quiero que se miren en mi.- Les dijo el amigo brillante.-

El Tuerto y el Ronco se sorprendieron al verse reflejados en El Espejo. Se dieron cuenta que no eran precisamente “la divina garza.” Llenos de soberbia, inflaron su musculoso pecho y se pusieron a discutir:

El Ronco: Yo no tengo nada raro como ese Chicho al que defiendes.
El Espejo: ¿Y ya escuchaste la voz tan fea que tienes? ¿Y ya viste esa cara tan enojada y llena de rabia que llevas?
El Tuerto: Y yo, ¿por que no tengo un ojo? ¡Nadie me lo había dicho!
El Espejo: Si, pero tu, con el único ojo que tienes has sido capaz de ver los defectos de los demás ... Si tuvieras el otro ojo creo que ya hubieras destruido a toda la humanidad.

Entonces El Ronco y El Tuerto se enfurecieron de una manera increíble. El Ronco, quien a la fuerza se hacía pasar por el jefe de todos, dirigiéndose a los zompopos, preguntó muy enojado, con una voz que se escuchó en todo el paraje: - ¡Los que sean valientes como yo que se vengan para aca.! El tuerto agrego: -Y los que no, que se hagan para allá con el cobarde del Chicho y el espejito ese...!-

Para sorpresa de los dos bravucones, solamente ocho zompopos se les acercaron. Los otros no se movieron, pero estaban muy asustados. De pronto, de en medio de la fila, un zompopo pudo hablar. Por su delgada voz le decían “silbador”.
- Yo propongo que Chicho sea nuestro jefe.-Dijo el zompopo
Hubo un profundo silencio. Todos se miraban a todos. El Espejo miró fijamente a Chicho y éste le dijo en voz baja al espejo: -Es que yo no soy capaz.- El Espejo solamente le recordó lo que ya le había dicho: Y agregó

Chicho levantó la mirada y viendo dulcemente a todos preguntó:
Chicho: ¿Quiénes quieren que yo sea su nuevo guía?
El Silbador: ¡Todos queremos que Chicho sea nuestro nuevo jefe!
Toda la fila: ¡Si! ¡si! ¡si!

Todos los zompopos levantaron sus manos y brincando de alegría empezaron a gritar en coro.
¡Chicho¡ ¡Chicho ¡ ¡Chicho¡

Se fueron corriendo a donde él estaba y lo cargaron en hombros. Chicho, muy satisfecho les daba las gracias.

Ya en suelo, pidió silencio y le dijo:

“Yo no voy a ser su jefe, yo voy a ser su guía. Un líder que va respetar a cada uno tal como es, con sus diferencias y limitaciones. Y sobre todo, seremos una fila de zompopos en donde reine la alegría, la amistad y el trabajo en conjunto.”

Todos respondieron a un solo grito: - ¡Si! ¡Que viva Chicho!

- ¿Y nosotros qué?- Preguntó El Ronco
- Ustedes se irán conmigo.- Dijo El Espejo. -Creo que unos cuantos días en el Rincón de La Sabiduría les va ayudar para ver el mundo de diferente manera.- Agregó.

Chicho se les acercó y dándoles la mano como buenos amigos, les dijo:



El espejo se los llevó a su Rincón de la Sabiduría, mientras Chicho se ponía al frente de la fila y subiéndose a una pequeña piedra les habló así:

<¡Todos somos iguales! ¡No importan las diferencias! ¡Quiero que seamos felices y que trabajemos unidos! …!Que vivan los zompopos! ¡Estoy orgulloso de ser Chicho, el zompopo!

Todos gritaron con gran algarabía. Levantaron sus manos y soltaron carcajadas de felicidad como nunca lo habían hecho. Se dispusieron a caminar en fila y desde adelante Chicho los invitó a cantar:
Chicho: Yo soy Chicho, el zompopo,
Todos: Yo soy Chicho, el zompopo,
Chicho: que aprendí una gran lección,
Todos: que aprendí una gran lección,
Chicho: “vale más lo que llevas dentro,
Todos: “vale más lo que llevas dentro,
Chicho: que lo que digan de ti.”
Todos: que lo que digan de ti.”

Chico: Hola, Hola, yo soy Chicho
Todos: Hola, hola, yo soy Chicho
Chicho: el zompopo felizón
Todos: el zompopo felizón.
Chicho: Levantemos todos las manos
Todos: levantemos todos las manos
Chicho: y repitamos la canción
Todos : y repitamos la canción. ---FIN--- Gua/Enero/2003

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